Política

Contra el efecto enjambre

CONCIENCIA CRÍTICA   |   Miguel Ángel Huamán   |   Mayo 31, 2024

La idea del “efecto enjambre” proviene del libro Fenomenología del fin (2016) del filósofo italiano Franco Berardi. En este analiza la vivencia que caracteriza el proceso actual de la sociedad y cultura contemporánea, empeñada en mantener una crisis permanente que al parecer nos conducirá a la extinción, si no se enmienda el rumbo. A pesar de la revolución científica y tecnológica en curso desde hace tres décadas, que debería mejorar las condiciones de vida y bienestar de la humanidad, atravesamos un periodo de grandes contradicciones: el incremento exagerado de la desigualdad social con un puñado de mil familias dueñas de los recursos, la tecnología y el disfrute desmedido de la bonanza económica frente a una cada vez mayor población mundial en situación de miseria, hambre y desocupación. 

Este puñado de milmillonarios nos controlan a través de los medios de comunicación gracias al manejo de la informática y la digitalización, y la difusión masiva de dispositivos electrónicos que nos han convertidos en sujetos aislados y encerrados en nuestras individualidades. La conversación y la charla se han perdido en la vida social de la familia, el barrio, la vecindad, los compañeros de trabajo o de estudio. Todos los valores de convivencia pacífica y solidaria parecen un lejano pasado, aunque esa solidaridad y participación comunitaria nos convirtió en la especie dominante de la Tierra.

A pesar del desarrollo sorprendente de la ciencia, en el inicio del nuevo milenio una sensación de premura y aceleración de la vida nos genera desconcierto y ansiedad, como si no hubiera más tiempo o un acontecimiento trágico fuera a pasar. Nos sentimos atrapados en un mundo cotidiano cada vez más fragmentado y desordenado, en medio de una globalización que ha traído contaminación, cambio climático, violencia cotidiana y deterioro del medio ambiente. La era del capitalismo global, la automatización y la cultura del espectáculo nos ha convertido en consumidores compulsivos, trabajamos más al auto explotarnos, impulsados por un afán hedonista y consumista, solo nos preocupamos de nosotros mismos, en solucionar nuestros asuntos bajo el culto al dios dinero y la ganancia. Para Berardi la humanidad sufre de un frenesí ciego y desesperado, como cuando un enjambre de abejas o avispas nos persigue y nos obliga a correr o huir alocadamente.

Contrario a la impresión inicial, el periodo actual de inestabilidad global es el tercero en la historia de la humanidad. Los dos anteriores han sido el de la transición de la hegemonía holandesa a la británica (siglo XVIII) y de esta hacia la estadounidense (fines del siglo XIX). La crisis actual tiene un rasgo diferencial en la caducidad de los estados-nación territoriales, soberanos e independientes debilitados y desgarrados por la economía supranacional. Simultáneamente, socavados retrógradamente por fuerzas infranacionales, regionales y grupos étnicos secesionistas que pretenden adquirir condición de Estados nacionales de modo tardío cuando el mundo anda en busca de un horizonte fraterno y planetario.

Son cuatro los ejes problemáticos de la ciencia política futura. Estos constituyen todos evidencia de la insuficiencia de los principios racionalistas y humanistas tradicionales de los dos bloques en que el escenario internacional se ha escindido. Tanto el capitalismo absolutista y salvaje de Estados Unidos, Europa y sus aliados como el capitalismo patrimonial estatalista de Rusia, China, Sur Corea y sus aliados son incapaces de percibir y superar las contradicciones del sistema vigente.

El primer dilema consiste en el desequilibrio de poder entre estados nacionales que hace improbable que surja un único nuevo Estado Hegemónico. El gobierno del mundo deviene una tarea excesivamente compleja para que sea asumida por un poder local como indirectamente a la caída de Roma y otros imperios antiguos lo lograron parcialmente algunos casos. El segundo radica en la progresiva diferencia de poder creciente que adquieren las organizaciones empresariales globalizadas frente a los Estados-Nación. El tercer eje se relaciona con los grupos subordinados y pauperizados en carrera hacia el abismo en cuanto a condiciones de vida y trabajo, pese a contar como países con recursos naturales y riqueza minera o energética. Por último, la tendencia cambiante de equilibrio del poder entre las civilizaciones occidentales (Norteamérica, Europa y Euroasia) y las no occidentales (China, India, Oriente, etc.) que ha conducido a múltiples conflictos bélicos en todo el planeta. El final de dos siglos de dominación norteamericana, surgida a fines de la Segunda Guerra Mundial, no vislumbra un horizonte estable aún.

Las fuentes de Berardi no son la psicología, la ciencia política, la economía, la sociología ni cualquier otra ciencia tradicional, porque hace suyo un enfoque interdisciplinario, en el que precisamente Deleuze y Guattari son hitos. Esto implica también categorías o conceptos novedosos. La supuesta racionalidad de los entes financieros consigue la anuencia y paralización promoviendo asuntos particulares que obvian u ocultan una visión fraterna y planetaria a favor del horizonte ecuménico que supere la particularidad de la pertenencia (patria, etnia, región), la raza (negro, indio, amarillo, etc.) y el género (masculino, femenino). Por eso sus palabras suenan a un enfoque planetario o mundial, extraño a nuestras ideas locales incentivadas por las cúpulas geopolíticas para dividirnos. Todos somos humanos y deberíamos cooperar en conjunto en defensa de la vida y la naturaleza.

La propuesta de una amistad con el enemigo, manifiesta un principio planetario y universal del cosmos: “el caos no existe en la naturaleza, existe la entropía” o la búsqueda del equilibrio. Para perennizar su control y desequilibrio el sistema actual promueve el dominio sobre nuestras emociones. Probablemente porque su secreto es lo estadístico, las probabilidades de un manejo por algoritmos de la existencia, del proyecto de un gobierno con la Inteligencia Artificial a favor del General Intellect o la cúpula tecno-científica, que aprovecha el conocimiento para la explotación y la miseria de la humanidad en un anti humanismo autoritario en desarrollo y crecimiento. El régimen del siglo XXI del Capital Absoluto se muestra como un sistema de la mentira y el engaño, donde se desobedecen principios y valores modernos que no cumplen las mismas cúpulas del gobierno porque solo sirven para mantener ilusionada, dividida y enajenada a la población mayoritaria.

Los seres humanos tenemos una idea simple y distorsionada de las redes computaciones e informáticas automatizadas que suponemos siempre serán beneficiosas para todos. Asumimos que tienen limitaciones frente a nuestra inteligencia natural y que cualquier discrepancia se soluciona apagando o reseteando el dispositivo. La situación es exactamente al revés: la cultura interconectada entre cerebros humanos y computadoras transita hacia una mente global manejada por una mano invisible que adquiere vida autónoma, lo que constituye una modalidad de dominación y control inédito. Su complejidad, el aspecto inaccesible e indeterminado de su conocimiento ejecuta una situación límite para el cerebro humano que no puede ponderar no por ser insuficientemente inteligente, sino por el propio diseño cibernético que no permite a las partes entender el todo algorítmico.

Dentro del ciberespacio, el lenguaje humano sólo puede ser operacional cuando obedece a reglas integradas al orden sintáctico y con compatibilidad semántica. Los actos lingüísticos que no siguen las reglas conforme al código son simplemente descartados y eliminados como ruido por el super organismo bioinformático. Para entender el peligro que nos amenaza debemos recordar los estudios del biólogo Eugenio Thacker en torno a las analogías y diferencias entre la conectividad y la colectividad que enfatiza que la conectividad implica cierto grado de conexión, pero no a la inversa, porque la conectividad no implica la existencia de un colectivo. “Un enjambre es una organización de múltiples unidades individualizadas con algún tipo de relación entre ellas; es decir, una colectividad o fenómeno grupal que puede no depender de una condición de conectividad, pero definida por lo relacional que constituye su regla. (…) Todos los estudios en ciencias de redes, inteligencia de enjambres y biocomplejidad definen la autoorganización como el surgimiento de un patrón global a partir de interacciones localizadas, focalizadas que introducen una intencionalidad sin intención, un acto sin actor y un todo heterogéneo sin responsabilidad frente a sus consecuencias. 

Entonces, existen dos tipos de tensiones: en uno se encuentra la colectividad y en el otro la conectividad, mientras que esta última es prerrequisito para la primera, la colectividad no es requisito para la conectividad lo que pone en evidencia el peligro de la visión extremadamente optimista en torno a la conectividad cibernética como si significara e implicara la colectividad”. Por el contrario, esta comunidad y comunicación internas constituyen necesariamente una condición inherente y obligatoria para la democracia, la convivencia y la expansión tecnológica. Podemos comprender las consecuencias que la condición de enjambre se muestra para el interesante manejo de la relación entre política, tecnología, biología y control en el presente.

Franco Berardi no es el único pensador contemporánea que advierte sobre el efecto enjambre que domina la vida social y cultural actual. Tampoco el único que precisa la responsabilidad del capital global al pretender instaurar en el gobierno geopolítico internacional a una casta privilegiada e imponer un absolutismo tecnocrático que controle a la humanidad. “A medida que el semiocapital introduce máquinas tecno lingüísticas en el flujo de la comunicación, el cuerpo vivo de la sociedad se convierte en un enjambre. Como consecuencia, se transforma el concepto mismo de libertad humana. Las formas de disidencia pueden ser expresadas y los actos de rechazo llevarse a cabo, pero no serán efectivos porque no pueden cambiar la dirección del enjambre ni la manera en la que su cerebro procesa la información. El entomólogo Morton Wheeler considera al enjambre como un super organismo que surge de la masa de organismos de los insectos ordinarios y genera una conectividad autoritaria, violenta y asesina con la excusa de la defensa de la colectividad adelanta la crisis y la disolución de la vida.

Ahora podemos entender que los cambios de la sociedad actual en las últimas tres décadas, nos son fortuitos. Se ha impulsado un crecimiento y despilfarro, para convertir la estabilidad económica anterior en algo eventual, la disolución del núcleo familiar en una constante e imponer un modo de vida donde la injusticia, la corrupción, la ignorancia sean la regla para beneficio de un reducido grupo gobernante y sus lacayos. Este escenario no tiene fronteras porque abarca el plano nacional e internacional. En este punto nos preguntamos cómo contrarrestar el efecto enjambre vigente, cuál alternativa debemos promover para salir de esta crisis sistémica, qué función corresponde a las ciencias y humanidades en dicha tarea, en qué medida el arte, la educación y la literatura nos ofrecen una mirada crítica del proceso. Estas interrogantes las abordaremos progresivamente en las siguientes entregas.

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